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Redes Wi Fi
Una de las más importantes incorporaciones al club de lo inalámbrico ha sido la telefonía móvil, que hoy ya hemos catalogado de imprescindible para la mayoría y asumido su costo como fijo y unos grilletes en nuestras vidas. Los teléfonos móviles se volvieron más inalámbricos si cabe con la incorporación de Bluetooth y todas sus posibilidades, que serían dignas de su propio monográfico.
En un futuro muy cercano (para muchos de nosotros un presente), la telefonía móvil será la forma natural de acceso a Internet debido a la comodidad en la ubicación de acceso y la reducción de costos que lleva sufriendo los últimos años, pero para ello tiene que desbancar al gratuito rey del Internet inalámbrico de los últimos años: el Wi-fi. Un artículo de amplio consumo El nombre de Wi-fi es la forma “humana” de referirnos a la tecnología especificada en IEEE 802.11 [1], y actualmente es una marca comercial registrada por la Wi-fi Alliance [2], que es la encargada de probar qué productos son compatibles con los estándares Wi-fi: es decir, qué aparatos funcionarán como deberíamos esperar de ellos. El Wi-fi ha tenido una penetración muy rápida en el mercado de usuario, parte por las ventajas que conlleva, y otra parte por haber sido un arma comercial usada por los proveedores de acceso a Internet. Las principales ventajas para el usuario han sido poder conectarse a internet en cualquier parte de su casa sin tirar largos cables por los pasillos, y la reducción de costos y agujeros en las paredes. Ha pasado de ser un gadget de lujo en el inventario de un friki (junto con los palos de escoba para montar antenas omnidireccionales y las latas de aceitunas para construir guia de ondas, entre otras maravillas [3]) a ser un artículo de amplio consumo, que casi regalan en las cajas de galletas. Y es precisamente esta rapidez de implantación la que ha conseguido que mucha gente la asimile como algo cotidiano y bueno sin preocuparse por "el lado oscuro" de la Wi-fi: su seguridad.
Los problemas con la asimilación de la seguridad en las tecnologías inalámbricas no es una exclusiva de los usuarios domésticos, pues incluso este mismo año fue noticia [4] como eran interceptadas las imágenes aéreas enviadas por los aviones espías estadounidenses en Iraq y Afganistán, usando el programa Skygrabber, que puede comprarse por poco más de 25 euros en la red [5]. El aire es de todos Uno de los motivos por los que Wi-fi ha sido un éxito es porque las ondas electromagnéticas viajan por el aire, y el aire es de todos (aunque sólo puedes “llenarlo” con señales electromagnéticas en los espectros que te deja el Estado, que en España los determina el cuadro de atribución nacional de frecuencias [6]). La principal diferencia entre un cable y el aire es precisamente que el aire es de todos, mientras que un cable concreto es un elemento de más difícil acceso para llegar a observar la información que pasa por él si no se tiene acceso físico al mismo. El hecho de que Wi-fi opere directamente por el aire, sin cables, y el hecho de que el aire sea de todos implica que cualquier observador podría ver lo que tú mandas o recibes en una conexión Wi-fi. Pongamos un ejemplo: todos hemos tenido un par de vecinas que se hablan a través del patio de luces del edificio (un Wi-fi un poco primitivo). Ellas hablan y su conversación es muchas veces escuchada por otras personas que están cerca de las ventanas. Si tienes algún interés en la información que transmiten las vecinas puedes acceder a ella sin problemas. El sonido que nuestras vecinas producen son ondas sonoras (agitaciones del aire que nuestros oídos convierten en ondas mecánicas), pero el ejemplo es asimilable a las redes Wi-fi que son ondas electromagnéticas: cualquier “vecino” que esté dentro del alcance de la “voz” podrá “escuchar” nuestras comunicaciones y entenderlas, al igual que ocurrió con los aviones espía. En el escenario Wi-fi, en lugar de tener personas que emiten ondas mecánicas en el aire (sonido) que todos escuchamos, tenemos computadoras que emiten ondas electromagnéticas en el aire a través de una antena, y que cualquier otro vecino podría captar con una antena. Hay programas informáticos especializados en la detección de redes inalámbricas como el Network Stumbler [7], Kismet [8] y también para la captura de datos de redes Wi-fi, como Airodump [9], y su posterior análisis con algún analizador de protocolos incluido en Wireshark [10]. A estos útiles programas se les denomina “sniffers” (olfateadores) y su aplicación en redes cableadas es mucho más compleja que en las redes inalámbricas. ¿Por qué? Porque para llegar a “olfatear” la información requiere llegar al cable, mientras que en Wi-fi el cable es el aire, y el aire es de todos. Pero las debilidades de Wi-fi no acaban aquí: no han hecho más que comenzar. Más información en:
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| Última actualización el Lunes, 01 de Noviembre de 2010 15:36 |